Dadme un punto de apoyo ...
Published by Anónimo under on 8:35Como estamos en fechas navideñas, tiempo de paz, amor, etc., etc. (una mera excusa) siento una necesidad imperiosa de hablar sobre algunas de las personas más importantes que conforman nuestro círculo social, los amigos.
Todos tenemos a nuestro alrededor personas a las que nos unen vínculos de diferente tipo, nuestras familias, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, estudio o afición, en fin, una extensa maraña de circunstancias que van añadiendo personas a nuestra vida con un mayor o menor grado de implicación en ella.
De todo ese grupo humano cercano a nosotros podemos hacer diferentes catalogaciones, conocidos, compañeros, amigos y una categoría muy especial, los amigos del alma (que nombre más cursi pero no se me ocurría otro para diferenciarlos del resto).
En ese sentido creo que puedo considerarme una persona afortunada. No es que tenga abundancia de ellos pero los pocos que tengo son de una calidad extraordinaria.
Mis amigos del alma proceden de diferentes ámbitos de mi vida pero hoy solo voy a hablar de los que llegaron a ella por eso que tenemos que hacer casi todos para poder comer todos los días (y no me refiero ir al supermercado), el trabajo.
Tal vez sea este el medio en el que nos desenvolvemos más complicado para hacer verdaderos amigos (esta expresión suena mejor) pero, a la vez, el más propicio para que, cuando conseguimos ese grado de amistad, lo sean sin ningún género de duda. Al fin y al cabo son nuestros “compañeros de batalla” en nuestra guerra diaria, los que nos cubren las espaldas, los que se enfrentan a lo que sea por nosotros, los que nos levantan cuando caemos. Al principio solo echamos mano de ellos para las cuestiones laborales pero, llegado el momento, los tenemos ahí para cualquier cosa y en cualquier momento de nuestra vida.
Decía que me sentía una persona afortunada y me reitero en ello pues de todos mis verdaderos amigos el mayor porcentaje procede de este entorno (otro día hablaré de mis otros verdaderos amigos de otras procedencias, pues haberlos hailos).
En mi trabajo tengo gente que trabaja en la misma empresa que yo, tengo compañeros de trabajo, tengo buenos compañeros de trabajo, últimamente hasta tengo algún enemigo ganado a pulso. No dejan de ser personas con las que comparto tiempo de mi vida y poco más. Cuando la vida transcurre con cierta tranquilidad puede ser suficiente ese tipo de relación pero cuando vienen mal dadas saber que tienes a tu disposición a alguien que hará todo que esté en su mano para poder ayudarte, disponible en todo momento, que sabrá escuchar aunque no sepa que decir, con el que sabes que puedes derramar tus lagrimas sin avergonzarte por ello, que te ofrecerá su hombro cuando lo necesites sin que siquiera haga falta pedírselo, hace que tu caminar por esa cuerda floja al menos sea con red.
Mis verdaderos amigos del trabajo tienen diferentes formas de ser, uno es serio y de fuerte carácter, otro más risueño, de difícil enfado, ella siempre tiene las palabras apropiadas y mucho sentido común, los tres son muy eficaces en los trabajos que desarrollan, llevan la responsabilidad como seña de identidad. Estas son algunas de sus muchas virtudes, creo que también tienen algún defecto pero ahora mismo juro que no me acuerdo de ninguno. A ninguno de ellos el valor se le supone, me lo demuestran día tras día. En los momentos difíciles su presencia es bálsamo y los instantes felices compartidos con ellos los hacen más felices todavía. Puedo proclamar a los cuatro vientos que ellos tres son mis verdaderos amigos.
Arquímedes dijo, dadme un punto de apoyo y moveré el mundo. Yo digo, dadme verdaderos amigos en los que apoyarme y soportaré cualquier cosa.
Piluca, Pedro, Manuel. Va por vosotros.
