YE LO QUE HAY

No se debe pedir lo que no es posible.

Published by Anónimo under on 23:23


Soy de la opinión, nacida de la experiencia propia, de que en mayor o menor medida, una parte de nuestra existencia nos vemos obligados a vivirla con resignación (cristiana o no, aunque el que crea en una divinidad a la que poder hacer responsable de su devenir tal vez le resulte mas fácil). No existe nadie que haya estado libre de adversidad alguna, en algún caso producida por la falta de consecución de nuestros propios deseos. En este caso, el secreto puede estar en no pretender en exceso, cuanto menos deseemos menos posibilidades habrá de no ver cumplidas nuestras aspiraciones. Pero desear, creo, es una de las características del espíritu humano, sin deseos, sin sueños por los que luchar no habríamos evolucionado hasta donde lo hemos hecho (por suerte y por desgracia). No es solo una cuestión de inteligencia, sino en utilizarla y desarrollarla para alcanzar la meta propuesta, aunque esta no siempre está al alcance y ahí es donde la resignación interviene para hacernos soportable el fracaso.
En mi caso, que supongo trasladable a otras muchas personas, antes de llegar a este estado de anestesia emocional que nos proporciona la resignación, debí pasar por algún otro previo, la rebelión ante la imposibilidad de cambiar las cosas que me impiden cumplir mis deseos, la convicción de que nada puedo ya hacer para evitarlo, las frustración de verme privado de lo que esperaba, todos verdaderos terremotos en mi espíritu, y por último la resignación, la aceptación de lo imposible.
Pero existe un problema. Una vez alcanzada esta fase no está todo resuelto o superado, es tan inestable como aquellas botellas de nitroglicerina que transportaban en carretas por maltrechos caminos en las viejas películas del oeste, un bache hace que uno contenga la respiración intentando evitar un mal desenlace. Hoy he pisado un bache, se fue la resignación, la rebelión no duró demasiado, la convicción se presento rápida y dolorosamente, la frustración es mi acompañante ahora.
Dicen que Morfeo, dios de los sueños, se presenta en ellos adoptando la forma de seres queridos. Le espero con impaciencia, tal vez esas oníricas presencias me entreguen lo que la realidad me niega, tal vez traigan consigo mi perdida resignación. O tal vez no, tal vez hay que ir en su búsqueda en vez de esperar tumbado, pero ¿dónde hallarla?