Amistad a primera vista.
Published by Anónimo under on 21:13Me encuentro en Madrid por cuestiones profesionales. Aprovechando esta breve estancia en la capital, y como no todo es trabajo, quedé con una persona a la que me une un amigo en común y los recuerdos de una inolvidable jornada de senderismo por Picos de Europa. Aquel día me emplazó a llamarle en la próxima visita a esta ciudad.
No sé si existe algún dios similar a Cupido que, por medio de sus divinos poderes, pueda convertir un breve encuentro en amistad a primera vista. Normalmente, o al menos en mi caso, la amistad, igual que el cariño, va apareciendo después de compartir conversaciones, vivencias o cualesquiera otras circunstancias que permitan un acercamiento hacia la otra persona.
Lo particular de este caso es que desde el mismo momento en que nos presentaron ya tuve una excepcional sensación de él. Cuando acabó aquel día, después de haber dejado buenas fuerzas de camino al refugio de Urriellu, aquella sensación se había convertido en amistad. Nunca me había ocurrido que en tan poco tiempo alcanzase hacia alguien ese grado de relación, pero también es verdad que su carácter facilitó enormemente que haya sido así. Vasco de nacimiento, asturiano de adopción, sangre gallega en sus venas y madrileño como otros tantos a los que la vida trajo a esta urbe a ganarse la vida, tiene lo mejor de cada una de esas tierras.
Ayer lo vi por segunda vez en la vida. En cuanto se enteró de mi viaje fue él el que me llamó para poder vernos, debo reconocer que yo tal vez no hubiera llamado como habíamos quedado pero también debo decir en mi descargo que hubiera sido únicamente por no causar trastorno alguno. Fue el perfecto anfitrión (entiéndase la palabra con el significado que normalmente le damos, en ningún caso el de su origen, aquella historia sobre un griego cornudo con la que nos deleitó Fermín). Pasamos la tarde paseando por algunos de los lugares más emblemáticos de esta ciudad, el exclusivo barrio de Salamanca, el liberal de Chueca, la “Milla de oro”, tiendas de lujo una tras otra (¡escaparates con bolsos de señora a 4000€!, una pena que mi cuenta corriente no tenga el saldo necesario, a mi mujer le hubiera dado una estupenda sorpresa) para finalizar invitándome a una buena cena y todo ello aderezado con una excelente y entretenida conversación. En resumen, una perfecta cita romántica si hubiera sido Cupido el intermediario, en este caso un perfecto encuentro de amigos de toda la vida a pesar de solo haberse visto dos veces.
Manu, muchísimas gracias… por ser mi amigo.